
El trauma es una herida del alma, una experiencia tan intensa y dolorosa que la mente tiene dificultades para procesarla completamente. No es necesario haber vivido solo eventos dramáticos para sentir un trauma. A veces, situaciones difíciles como una infancia complicada, el acoso escolar, la pérdida de un ser querido o los abusos repetidos pueden dejar heridas profundas que siguen influyendo en la vida, incluso sin que te des cuenta.
El trauma puede manifestarse de muchas formas distintas: podrías sentirte a menudo ansioso/a sin entender por qué, tener dificultades para confiar en los demás o experimentar emociones muy intensas que te desbordan. A veces, puedes sentir un vacío interior o tener miedo de mostrar quién eres realmente.
En mi rol como psicoterapeuta, mi compromiso es acoger con respeto y paciencia aquello que llevas dentro, sin prisa ni juicio. A través de técnicas como el EMDR o el análisis transaccional, te acompañaré a mirar con amabilidad esas heridas, a liberar poco a poco ese peso que llevas desde hace tanto tiempo y a encontrar dentro de ti nuevos recursos de fortaleza y serenidad.
El trauma no se borra, pero se transforma: puedes aprender a vivir con él sin que te paralice y a redescubrir tu capacidad de vivir plenamente. El primer paso es hablar de ello y no estás solo/a en este camino.