
Hay experiencias que no siempre encuentran palabras. El aborto es una de ellas.
Ya sea que haya llegado como una decisión consciente o como un acontecimiento inesperado, trae consigo una oleada de emociones profundas. A veces confusas, a veces contradictorias entre sí: alivio y tristeza, rabia y paz, culpa, sensación de vacío, silencio.
Y a menudo, el mundo que te rodea no está preparado para escuchar todo esto. Te pide que “sigas adelante”, que “mires hacia el futuro”, que “no le des tantas vueltas”. Pero el cuerpo recuerda. El corazón se hace preguntas. Y la mente busca un espacio donde poder respirar.
Vivir un aborto no es una experiencia única ni igual para todas. Cada mujer tiene sus propios tiempos y vivencias. Puede ser un proceso íntimo y doloroso, vivido en silencio. O una decisión clara, pero que a veces deja heridas invisibles.
Puede ser un trauma, un alivio, una pérdida o todo eso a la vez.
En terapia, podemos dar forma y voz a todo esto. Puedes traer tu historia tal como es, aunque aún no la tengas clara, aunque duela nombrarla.
No para juzgarte, ni para borrar lo vivido, sino para acompañarte a darle sentido a lo que has atravesado. Porque cada emoción es legítima. Y toda mujer merece ser vista, acogida y sostenida.
En el espacio psicoterapéutico conmigo, el vacío no será ignorado. Aquí, por fin podrás hablar.